Abriendo puertas

Abriendo Puertas

Cada cierto tiempo ocurre. Una vocecilla dentro de mi, que no se muy bien si viene de mi cabeza o de las vísceras, me dice que me mueva, que cambie, que dé un nuevo paso hacia algún lado.

Algo que me ha enseñado el tiempo es que no me siento a gusto estando siempre en el mismo lugar (Metafóricamente hablando, claro). Y cada ciertos años, o meses, me gusta cerrar y abrir etapas. Aunque realmente “cerrar y abrir” no sería decir lo correcto. Os explico:

Me gusta el símil de que la vida está compuesta por macro-tiempos (las susodichas etapas). Marcadas por el entorno o por el “yo” de ese momento. Que según vas creciendo y cada vez eres más consciente del recorrido, más te das cuenta de lo grande que es todo y los lugares que te faltan por recorrer. Ya sabéis: a más sabes, más te das cuenta que lo poco que realmente sabes.

Me hace gracia pensar que estas etapas de la vida son “habitaciones”. Me ayuda darles esa forma. Son cubículos que un día entras en uno y dentro encuentras cosas. A estas cosas vamos a darles formas de objetos. Objetos de todo tipo. Esta nueva habitación te fascina y no paras de dar vueltas por ella. Leyendo libros que encuentras, observando cuadros que hay colgados por cualquier lado, o sencillamente escuchando un disco de fondo que hay en una gramola al fondo. Objetos cotidianos, dispares o diferentes. Algunos que ya has visto, otros que te suenan de algo y muchos otros que no conocías.

Pero llegado el momento, la novedad pasa, como siempre ocurre y la habitación se vuelve familiar. Lo extraño se convierte en cotidiano y es entonces cuando te das cuenta de entre todos los objetos que has estado disfrutando hay escondidas otras puertas. Te llama la curiosidad, abres una y observas sin llegar a franquearla. La ves por dentro, pero no puedes distinguir todo lo que hay en ellas. No puedes ver toda su capacidad desde el marco. Ojeas otra puerta y, como es lógico, descubres otra habitación detrás de ella. Cada una diferente: más grande o pequeña, más llena de objetos interesantes, o casi vacía. De diferentes colores, sonidos y olores. Hasta que decides elegir una por su atractivo o sencillamente dejarte llevar y que sea al azar quien te sorprenda. Te atreves y sobrepasas el marco, entrando en la nueva habitación, donde todo es nuevo y en consecuencia, interesante.

Aquí es donde cambias de etapa. Hay un hito, un momento, una experiencia o sencillamente un sentimiento que te lleva a dar un paso a lo desconocido y a atravesar ese marco que es una representación del miedo a lo extraño que todos tenemos dentro de nosotros. Sabes que en la habitación actual estás bien, pero no puedes vivir solo en esa lugar. El tiempo la ha hecho vacía y aburrida. Ya conoces todo sus objetos, o ya no te parecen interesantes. Así que toca moverse.

Y de nuevo empiezas. Nueva habitación. Nuevos estímulos. Nuevas experiencias.

En un primer momento puede parecer un juego de mazmorras, puede dar la sensación de que una elección de habitación te aleja de donde vienes. Pero no es así. Ya que no cierras las puertas que vas dejando detrás de ti. Que avances y descubras lugares nuevos también te permite ir hacia atrás si así lo deseas. De ahí que no me guste lo de “cerrar y abrir” que os he comentado más arriba. En esta estructura que planteo, tomar una decisión no cierra, sino que abre. Los recorridos no son solo de una dirección. Cuando era más joven pensaba en estas habitaciones como pantallas de videojuegos clásicos, que cuando las pasabas ya no podías acceder a ellas si no empezabas de nuevo. Pero no es así. No es un beat’em up de los 90s. Es un sandbox de los 2010s.

Pero es más, nadie te impide coger algo valioso de cada habitación e ir añadiéndolo a tu mochila. Así puedes disfrutar de ese libro que nos has leído en otro lugar. Y llegado el momento, si te cansas o te pesa demasiado la mochila, lo dejas en otra habitación. Casi seguro que alguien pasará por allí y lo recogerá. Y así poco a poco, ir descubriendo lugares nuevos. A veces breves, a veces eternos. Cada habitación es un mundo.

Todo esto os lo cuento porque hace poco que he dejado una habitación que descubrí en cierto momento de mi vida. En ese instante me encontraba en un habitáculo enorme con muchos libros, televisiones, mupis y ordenadores con código. En una de las paredes había una pequeña puerta. Detrás de ella había una habitación minúscula, pero al entrar en ella, e ir ojeando todo lo que había, las paredes fueron creciendo y apareciendo pasillos que estaban escondidos entre todos esos objetos. Además esta habitación tenía muchas puertas que me llevaba a otras habitaciones, a cada cual más interesantes. Pero siempre volvía a esta, ya que me dejaba muchas puertas sin abrir.

Los que me conocéis personalmente sabéis que esa pequeña habitación no era otra que OFN, mi antigua bitácora (y podcast) sobre diseño, ilustración, comunicación y cosas bizarra. Pero llegado el momento, y gracias a todo lo que he ido descubriendo a través de ella, OFN se ha quedado demasiado lejos. Me gusta su olor, su sonido, pero es demasiado cómoda y cada vez me cuesta más volver a ella desde las habitaciones que he ido descubriendo. Y aún es pronto para acomodarse en una habitación. Así que he decidido coger todo aquello que me parece interesante de allí y es hora de cruzar un nuevo umbral.

Esto me lleva a la nueva habitación, que es donde os encontráis leyendo estas palabras: mi nueva bitácora. Esta habitación es pequeña, como fue en su momento OFN, y además, casi sin objetos. Eso me gusta. Este lugar no es un lugar temático. Las paredes no están cargadas de objetos. Esta es solo es una bitácora personal para hablar y profundizar sobre temas que me interesan y dar opinión sobre cualquier cosa que me pase por la cabeza. Mi idea no es quedarme aquí, si no usar esta habitación como centro de descanso mientras voy descubriendo habitaciones nuevas. Ya tengo apuntadas ciertas puertas muy interesantes que sobrepasar, pero mientras voy haciendo estos nuevos recorridos, voy a tomarme de vez en cuando descansos por aquí.

Así que me siento en esta nueva habitación, en el suelo mismo, que siempre es donde más me ha gustado, me quito la mochila, pongo un poco de música y por ahora solo voy a ver lo que pasa por esa ventana. De vez en cuando os lanzaré algún articulo sobre alguna de mis mierdas. “Pensamientos al aire” como me gusta llamarlo a mí. No se si queréis acompañarme en ello. Pero tenéis la puerta abierta. Podéis pasar y sentaos junto a mi un rato y disfrutad de mi compañía. Incluso podemos conversar sobre alguna cosa interesante que nos lleve a sitios nuevos Eso sí, para hacerlo mejor en otros pasillos (como este, este otro, incluso este o este) que esta habitación es solo mía. Quién sabe, eso ya está en vuestras manos. Yo mientras, disfrutaré un rato más de las vistas. Bienvenido a mi cubículo de puertas abiertas.

Bienvenido a mi teulada.

Todo se acaba.